Cómo darle un compañero a tu lorito sin romper la convivencia

Hay un mensaje que se repite muchísimo en nuestra bandeja de entrada, y siempre con el mismo tono de angustia detrás. Alguien ha decidido ampliar su familia de plumíferos, ha hecho los deberes, ha investigado bien la especie, ha adoptado con responsabilidad, y cuando por fin llega el momento de presentar a los dos loritos, la cosa no sale como en su cabeza. En lugar de dos loritos jugando juntos aparecen picotazos, tensión y un tutor con el corazón encogido preguntándose si ha hecho algo mal.

Lo primero que solemos decir en estos casos es que no, no habéis hecho nada mal. Darle un compañero a tu lorito es probablemente uno de los procesos más delicados de la convivencia con psitácidas, y muy pocas veces sale bien a la primera. Nosotros mismos hemos vivido momentos de tensión entre Wilfri y Gusgus al principio, y sabemos lo mucho que agobia ver a tu ave a la defensiva.

En este post os contamos, desde nuestra propia experiencia y desde los casos que nos vais compartiendo, por qué pasa esto y sobre todo qué progresión sí que suele funcionar para que la convivencia salga adelante sin romperse por el camino.

Por qué un loro puede sentirse invadido al llegar un nuevo compañero

Antes de pensar en soluciones conviene entender qué está pasando por la cabeza de vuestro loro, porque su reacción tiene mucha más lógica de la que parece a simple vista.

Más que territorialidad, una sensación de invasión

Solemos hablar de «territorialidad» para explicar por qué un loro reacciona mal ante un nuevo compañero, pero en realidad lo que está sintiendo va un poco más allá de simplemente defender un espacio. Es más bien la sensación de estar agobiado, invadido en su propio entorno de seguridad. Pensadlo un momento desde su perspectiva, vosotros estáis viviendo tranquilamente en vuestra casa, con vuestras rutinas y vuestro espacio, y de golpe alguien decide meter en vuestro salón a un desconocido con el que no habéis hablado nunca. ¿No protegeríais vuestras cosas al principio? Seguramente tampoco le daríais toda vuestra confianza desde el primer minuto, por mucho que esa persona no tenga ninguna mala intención.

Eso es, a grandes rasgos, lo que vive vuestro loro. No está siendo «agresivo porque sí», está gestionando la incorporación de un extraño dentro de lo que hasta ahora era exclusivamente su casa. Entender esta lectura de fondo, invasión del espacio personal más que territorialidad pura, es el primer paso para no tomarnos la reacción de nuestro loro como algo personal, y para acompañar el proceso con la paciencia que realmente necesita.

Cuando el apego a los tutores complica la convivencia

Esto se agrava especialmente cuando el loro mayor ha crecido muy vinculado a sus tutores, sin haber convivido nunca con otra ave. En esos casos, la incorporación de un segundo loro no solo activa esa sensación de invasión del espacio, también puede despertar algo parecido a «los celos», esa sensación de que la atención que antes era exclusiva ahora hay que compartirla.

Entender esto cambia por completo el enfoque, porque deja de ser «mi loro es agresivo» y pasa a ser «mi loro está gestionando un cambio grande a su manera», algo muy relacionado con lo que ya contamos al hablar de la adolescencia en loros y los cambios de comportamiento.

La progresión que sí funciona para presentar a tu nuevo lorito

Una vez entendido el punto de partida emocional de vuestro loro, toca hablar de lo más importante de todo este post, la progresión concreta que hace que la convivencia salga bien. Aquí no vale la improvisación ni las prisas, cada fase tiene una razón de ser y saltársela suele costar caro más adelante.

Antes de nada, es imprescindible que la nueva ave haya pasado por un periodo de cuarentena sanitaria, con revisión veterinaria incluida, antes de tener ningún tipo de contacto con el resto de vuestros loros. Ya dedicamos un post entero a explicar ese protocolo con detalle, así que si tenéis dudas sobre cómo hacerlo bien, os recomendamos leer nueva ave en casa y cómo incorporarla paso a paso antes de continuar con lo que os contamos aquí, que se centra específicamente en la fase de aceptación mutua entre ambos loros.

La distancia entre jaulas y el contacto a través de los barrotes

Una vez superada la cuarentena, el paso realmente decisivo es este, y por eso le dedicamos tanto espacio. Las jaulas deben colocarse en la misma habitación pero separadas por una distancia considerable, de forma que ambos loros puedan verse y escucharse sin poder llegar a tocarse todavía. Durante estos primeros días, el objetivo único es que se acostumbren a la presencia sonora y visual del otro sin ningún tipo de amenaza asociada.

Pasado ese primer contacto a distancia, se van acercando las jaulas de forma gradual, apenas unos centímetros cada pocos días, observando siempre cómo reacciona cada uno antes de seguir avanzando. Cuando las jaulas ya están próximas, llega el momento de dejar que interactúen a través de los propios barrotes, tocándose el pico o las plumas sin que ninguno pueda invadir por completo el espacio del otro. Este contacto controlado a través de la jaula es, en la práctica, el ensayo general antes de cualquier encuentro fuera de ella, y es el paso que marca la diferencia entre una presentación que sale bien y una que se precipita.

Comida compartida y el tiempo sin prisas

Además de la distancia progresiva, ayuda muchísimo ofrecer comida compartida, por ejemplo en una bandeja de forrajeo colocada entre ambas zonas, para que asocien la presencia del otro con algo positivo en lugar de con una amenaza. Pero aquí con cuidado de interferir demasiado las manos o de intentar que cojan comida de la mano, porque podría interpretarse como «protección de recursos». Lo mejor siempre será una opción de forrajeo conjunta, con el mayor espacio posible para poder decidir si acercarse o tomar su espacio.

Y por encima de cualquier técnica, lo que de verdad sostiene todo el proceso es el tiempo y la paciencia. No existe un plazo estándar. Hay parejas que se aceptan en pocas semanas y otras que necesitan varios meses de proceso, y ambos casos son perfectamente normales.

Lo importante de esta progresión no es solo la lista de pasos, sino la idea de fondo, cada avance debe hacerse cuando el comportamiento de ambos lo permita, nunca por un calendario que nosotros hayamos decidido de antemano. Forzar el siguiente paso porque «ya ha pasado una semana» suele retrasar el proceso en lugar de acelerarlo.

El error de ponerte tú en medio del conflicto

Una vez que ya estáis en la fase de interacción más directa, hay un error que vemos constantemente, y que merece un apartado propio porque realmente puede echar por tierra todo el trabajo anterior. Uno de los reflejos más habituales, y más comprensibles, cuando el loro mayor va a picar al pequeño, es interponer la mano para protegerlo.

Es un gesto instintivo y viene de un lugar de cariño, pero conviene saber que casi siempre termina jugando en contra del propio proceso. Al poner la mano de por medio de forma sistemática ocurren dos cosas que no ayudan, la primera es que el loro agresor empieza a asociar esa reacción de picar con la mano en sí, y no es raro que acabe dirigiendo los picotazos hacia la persona en lugar de hacia el otro loro. La segunda es que esa interferencia constante no deja que los dos loritos se conozcan, se midan y aprendan a gestionar la distancia por sí mismos, que es exactamente lo que necesitan hacer para llegar a aceptarse.

Y no es el único tipo de interferencia que solemos ver. También es muy habitual que, en lugar de dejarles cierta libertad para interactuar entre ellos, decidamos coger a ambos loros en brazos y colocarnos nosotros mismos en medio, como si fuéramos un puente de seguridad entre los dos. La intención vuelve a ser buena, pero el resultado puede ser el mismo problema, o incluso peor, porque ahora sois vosotros quienes estáis físicamente en el punto de mayor tensión entre ambas aves, y cualquier disputa os va a salpicar directamente.

Si notáis que la agresividad se dirige cada vez más hacia vosotros que hacia el otro loro, sea porque habéis puesto la mano o porque los habéis cogido en brazos, es una señal bastante clara de que ha llegado el momento de retirar esa intervención de la ecuación y dejar que sea la distancia, y no vuestro cuerpo, la que regule el encuentro. Tener en cuenta, que a veces, dar un paso a atrás y decidir dar un tiempo a esa interacción puede que no sea malo, lo importante es que la interacción entre ambos sea sana y segura.

Cómo saber si vais por el buen camino

A lo largo de todo este proceso es completamente normal tener dudas constantes sobre si realmente estáis avanzando o si simplemente estáis alargando una situación que, en el fondo, no va a mejorar. No hay una fórmula mágica que os lo confirme al cien por cien, pero sí hay dos grandes bloques de señales que, observados con calma día a día, os van a dar una lectura bastante fiable de por dónde va la relación entre vuestros dos loritos.

Señales de que el proceso avanza

El primer bloque son las señales positivas, y suelen ser bastante reconocibles si prestáis atención. Que el loro mayor deje de fijarse constantemente en el pequeño es de las primeras cosas que notaréis, ese «vigilarlo todo el rato» va dando paso a una indiferencia tranquila, que en realidad es un avance enorme. Que empiecen a comer prácticamente juntos, aunque sea todavía con cierta distancia entre ellos, es otra señal muy clara de que la comida compartida está funcionando como puente.

Y a nivel de lenguaje corporal, buscad plumas lisas y pegadas al cuerpo en lugar de erizadas, ausencia de balanceo nervioso, y posturas relajadas en lugar de posturas defensivas con el cuerpo encogido o el pico apuntando hacia el otro. Cuando empezáis a ver varias de estas señales a la vez, y de forma sostenida en el tiempo, es un indicio sólido de que la relación está avanzando en la buena dirección.

Señales de alarma que piden frenar

El segundo bloque son las señales que deben hacer saltar la alarma. Si la agresividad no cede con el paso de las semanas, si veis que se repite exactamente el mismo patrón de tensión sin ninguna mejora perceptible, es momento de replantearos el ritmo que estáis llevando.

Si aparecen heridas, por pequeñas que sean, hay que frenar el proceso de inmediato y dar un paso atrás en la distancia entre jaulas, ya que seguir avanzando en ese punto solo consolida el conflicto.

Y si uno de los dos loritos evita por completo la zona del otro y muestra un miedo constante, encogimiento, huida activa, silencio prolongado, tampoco conviene forzar los siguientes pasos.

En cualquiera de estos casos, si la situación no mejora con más tiempo y más distancia, es recomendable pedir ayuda a un veterinario especializado en aves o a un etólogo aviar. Como siempre recordamos, nada de lo que contamos en este blog sustituye una visita profesional cuando la situación se complica.

El caso de Pipi y Pipa, una pareja de pyrrhuras en pleno proceso

Hace poco vivimos justo esta situación de cerca gracias a una tutora de nuestra comunidad, María. Ella vive con Pipi, su Pyrrhura molinae piña, y llevaba con él desde que era muy pequeño. Cuando decidió adoptar a Pipa, una hembra Pyrrhura molinae turquesa algo más joven, para que Pipi tuviera compañía, empezó a notar que él intentaba picarla, y que ella se llevaba la mano de por medio para protegerla, recibiendo los picotazos en su propia piel una y otra vez.

Los principios nunca son fáciles, y sino pueden decírselo a su mami, que desde el minuto uno ha tenido mucha paciencia con ellos, trabajando el acercamiento entre ambas jaulas y buscando información para poder darle siempre lo mejor a ambos.

Aquí os enseñamos cómo poco a poco se iba haciendo el acercamiento de jaula para poder verse de manera segura, y posteriormente poder interactuar de una forma más cercana y sin la jaula de por medio.

Le explicamos por qué la mano y sus interferencias en muchos casos podría estar reforzando el problema en lugar de resolverlo, y le dimos pautas para ir acercando las jaulas de forma progresiva, dejando que fueran ellos quienes marcaran el ritmo real de la convivencia. Con esos cambios, Pipi dejó de fijarse en Pipa de forma agresiva en cuestión de días, y ambos llegaron a comer prácticamente juntos poco después. Este caso es compartido con la aprobación de la tutora, que además nos facilitó las imágenes del proceso para poder explicarlo mejor a toda la comunidad.

Si vosotros estáis pasando por algo parecido ahora mismo con vuestros loritos, recordad que no hay atajos seguros, pero sí hay un camino que suele funcionar, distancia, tiempo, y confianza en que ellos irán marcando el paso. Contadnos por redes cómo va vuestro propio proceso, nos encanta acompañaros mientras vuestros plumíferos aprenden a compartir su mundo.

Fuentes y referencias

Como siempre, antes de contaros nada nos gusta contrastarlo con fuentes serias, así que aquí tenéis el listado completo por si queréis profundizar más en cualquiera de los puntos que hemos tratado:

  • VCA Animal Hospitals, Introducing a New Pet Bird — recomendación veterinaria de cuarentena de 30 a 45 días y acercamiento gradual de jaulas tras esa fase.
  • myBird, Why Quarantining a New Bird Is So Important — And How to Do It Properly — la cuarentena como periodo de adaptación además de prevención sanitaria.
  • Pawmance Blog, Does Your Parrot Need a Feathered Friend? A Honest Guide — recomendación de cuarentena mínima de 30 días y precauciones en la convivencia entre especies distintas.
  • Parrot Forums, Quarantine in Multibird Homes — experiencias reales de tutores sobre distintos periodos de cuarentena según el tamaño y la especie del ave.
  • All About Parrots, How To Introduce Parrots To Each Other — señales de vínculo entre loros y proceso recomendado de acercamiento gradual de jaulas.
  • Parrot Forums, Pairing? How does it work? — experiencias reales de tutores sobre la introducción de parejas y el riesgo de agresividad en especies de mayor tamaño.
  • HereBird, Parrot Bonding: How To Bond With A Parrot And Avoid Overbonding — por qué el vínculo entre loros no se puede forzar y necesita tiempo y espacio propio.
  • Parrot Mag, Introducing Parrots – the dos and don’ts — proceso paso a paso de acercamiento de jaulas y reorganización del entorno tras la aceptación.
  • Furry Critter Network, Pair Bonding — bases del vínculo entre aves y el papel de la observación del lenguaje corporal durante la presentación.
  • King Parrots Kuwait, How To Introduce Parrots To Each Other? — uso de barreras físicas seguras en las primeras fases de contacto entre dos loros.
  • Northern Parrots, Living With More Than One Parrot: Bonding, Social Balance and Harmony at Home — importancia de la cuarentena veterinaria previa y de no forzar el vínculo entre aves.
  • Parrot Care Central, Parrot Body Language: How to Read a Happy vs. Stressed Bird — diferencias entre una postura relajada y una postura de alerta o amenaza en loros.
  • Chewy, Bird Body Language 101 — cómo identificar si un ave está cómoda o incómoda a través de su postura y sus plumas.
  • HereBird, 31 Parrot Body Language Signs — interpretación del erizado de plumas, el balanceo y otras señales corporales de tensión entre aves.

Esperamos que esta selección os ayude a entender mejor lo que está viviendo vuestro loro en este proceso, y que os sirva de apoyo mientras acompañáis a vuestros plumíferos a construir su propia convivencia, a su ritmo y sin prisas.

Diario de Plumas

Wilfri y Gusgus son el dúo detrás de Diario de Plumas

Especialistas en el mundo de los psitácidos que convierten evidencia en consejos prácticos de cuidado, comportamiento y bienestar.

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